viernes, 8 de julio de 2011

Sombras al anochecer

El sol o por lo menos algunos cuantos rayos molestos entraban como siempre por las rendijas de la verde persiana. Salí de la cama lentamente adormilada aun y bostezando varias veces. Cuando lo vi… el pequeño rastro de lodo en el piso de mi dormitorio que comenzaba desde la ventana hasta a un lado de mi cama. No me preocupaba mucho tenia mis sospechas de quien era el culpable de dicho rastro, me acerque a la ventana y la abrí para dejar correr el fresco aire. Y aquel repugnante hedor llego, el típico olor a muerto… sentí que las comisuras de mis labios se curvaban hacia arriba señal de una sonrisa, una muy tenebrosa que hasta yo odio mostrar en público. Me gire y me acerque al espejo del peinador observándome atentamente el cuello, buscando cualquier marca sospechosa. No había ninguna.  Suspire. Por lo menos tenía la certeza de que él se podía controlar pero, aun así no sabía cuál era la razón de sus visitas nocturnas… Aparte de eso yo nunca me había sentido y no me siento actualmente atraída por los vampiros. Mucho menos por él.
Observe nuevamente el rastro de lodo el cual ya se estaba endureciendo en el piso de mosaicos beige, había sido muy tonto al dejar su rastro. Sonreí nuevamente, pues después de todo mis sospechas quedaban claras, alguien entraba a mi habitación en la noche para espiarme… dormida. Sentí un leve escalofrió, ser observada por un muerto repugnante mientras duermo, algo horrible. Salí de mi habitación en estado de alerta… los vampiros tienen esa extraña costumbre o habilidad de aparecer de la nada. La casa estaba vacía, me acerque al frigorífico y tome la nota pegada en el:
 Fenris:
Salimos urgentes por causa del trabajo. Hay comida en el microondas.
Desafortunadamente no sabemos a qué horas estaremos en la casa.
No llegues TARDE… te queremos.                                                                                                                                                                                                                                                                                          Papaíto y Mamaíta
Asentí para mi misma. Observe el reloj de la cocina y me alarme al comprobar que ya era tarde, corrí hasta mi habitación dejando un rastro de prendas en el camino. Abrí la regadera y me bañe rápidamente… tome lo primero que encontré para vestirme mientras tomaba mi bolso de la sala y una barra energética de cereales. Cerré la puerta y corrí hasta la parada del autobús cuando vi al vampiro espía.
Ricardo Bossa-nova. Alto, con los hombros anchos característicos de los hombres… o por lo menos de algunos, con el cabello largo y de color negro azulado, si azulado… o por lo menos cuando los rayos del sol deciden revelarlo. Con grandes ojos felinos color ámbar, penetrantes y crueles, ojos que supuse se tornarían color carmesí como los de muchos otro. Y si he dicho los rayos del sol, este vampiro en cuestión al igual que algunos otros puede estar bajo los rayos del sol sin miedo a convertirse en ceniza. El vampiro estaba en la parada viendo en mi dirección, contuve las estúpidas ganar de girarme para comprobar si no observaba a alguien más tras de mí. Acelere el paso y llegue a su lado rápidamente. Por lo que se, los vampiros de la… realeza, es una forma de decirlo… aquellos originales que nacieron siendo vampiros, son inmunes al sol. Con los siglos de vida que llevo sé que la jerarquía vampírica tiene muchas ramas genealógicas por así decirlo. Y este era sin duda uno de los más privilegiados… así que porque rayos vive en Luisiana? Y no en nueva Orleans como la mayoría?... difícil de saber más de contestar.
Nunca he hablado más de 10 minutos con él, solo cuando sus padres comen con los míos… y no, sus padres no son vampiros. Bueno tampoco son sus padres biológicos por qué bueno hace 4 años el apareció y utilizo su glamour como le llama Charlaine Harris, en la pareja Bossa-nova y en todos absolutamente todos los conocidos habidos y por haber asiéndoles creer que es su hijo de siempre, lo que deja entre ver el increíble poder que posee algo que por supuesto en mí no funciona, así que se la verdad. Sonreí al ver que me observaba y trate de evitar dar saltos y fruncir el ceño al sentir los leves pellizcos en el cuerpo signo de que sin duda trataba de influenciar en mí con su glamour.
Aparte la mirada y la tensa sonrisa al ver que se acercaba (afortunadamente) el autobús. Paro y subí rápidamente sentándome hasta el fondo. No suelo juntarme con los humanos, de hecho trato de estar lo más apartada físicamente incluso de mis padres, y no digo humanos como si me sintiera un ser superior ni mucho menos, simplemente no soy humana… y si por algún motivo uno se acercara demasiado a mí sin duda le pasaría algo desagradable. Esa supongo es mi discapacidad.
Ignore la mirada penetrante de Ricardo o por lo menos puedo decir orgullosamente que trate, seguía mirándome como si me contase las pecas, si tuviera pecas claro está, algo que molesto a la chica junto a él, algo que me irrito a mí. Sospechaba algo sobre mí, tal vez que sabía su verdad… incluso parecía hacer especulaciones al respecto. Débil, me sentía débil. El autobús pasó junto al panteón local y decidí que hoy saldría a alimentarme sin demora, pues parecía a ver algo de movimiento.
-Bajen todos, rápido- chillo el delgado conductor una vez que estuvimos frente a la parada del instituto.
Todos se arremolinaron frente a mí y fue cuando les puse mayor atención o por lo menos a sus cuellos, dos chicas frente a mi tenían marcas lo supe enseguida. Una ocultaba torpemente la herida con un cuello alto y otra con un curita… la cual se había despegado de un extremo mostrando los 2 pequeños puntos rojos. Aunque no eran visibles para el ojo humano común lo eran para mí y sin duda para Ricardo en cual sonrió de forma tensa y le pego correctamente el curita a la chica la cual le agradeció con una repugnante sonrisa lasciva. Ricardo debió observar la mueca que hacia una servidora pues la sonrisa desapareció al instante y en cambio mostro un rostro serio y cruel para los que saben mirar más allá de un rostro estético. Aparte la mirada y apresure a salir empujando, no importaba. Al estar fuera del apretado autobús pude respirar tranquila.
-Estas bien… Fenris- escuche tras de mi la clara y serena voz. Por supuesto no tuve que girar para saber quién era pero aun así lo hice, sabiendo que era una mala idea
-Si… eh, Ricardo… como has estado? - dije sonriendo.
El solo se limitó a mirarme directamente a los ojos, sin duda buscando la verdad sobre mi… por suerte ya no intento usar su poder.
-No es obligación preguntar por algo que sinceramente no te interesa- dijo sin deshacer la sonrisa
-Oh… me quitas un peso de encima y me ahorras saliva futura, tanto te preocupo- dije tratando de hacer notar más la “mala leche” con la que hablaba
-Como sabias que el sarcasmo es lo que me pone a cien, tanto te gusto- así que sabía regresarla
Ignore el comentario y gire rápidamente… el olor era insoportable, ya sé que debería estar a acostumbrada pues he vivido muchos siglos y he conocido montones de vampiros pero este…Ricardo parecía darse cuenta y parecía hacerlo a propósito… aumentar el alcance de su fuerza y por ende su hedor cuando yo estaba cerca. Sin saber por qué me gire y lo tome del brazo, sin duda si hubiese sido un humano se lo hubiese roto… hasta el noto mi fuerza. Sonriendo triunfante.
                -No te me acerques de nuevo… o te matare.
-Aunque me digas eso no dejare de hacerlo… te tengo en la mira… querida, Fenris- dijo con el tono de voz serio y una sonrisa falsa característica de los que no tienen humanidad, mostrando un poco de los afilados colmillos.
Solté su brazo y decidí que lo mejor era ignorarlo así que me gire y camine rápidamente para alejarme de él. Me tenía en la mira… sabia más o menos que significaba eso pero no quería ni pensar en ello y sinceramente no se me antojaba tener esa atención de un vampiro. Ya sabía cómo podían resultar las cosas… y no tenía final feliz.
2
Al anochecer aún no había vuelto a casa y me fui directamente al cementerio. Entre saltando la gran barda, mientras me dirigía por los caminos que separan lapidas de lapidas. Afortunadamente no me había equivocado y había una buena cantidad de energía la cual comencé a devorar lentamente sintiéndome sin duda con más fuerza. Había algo que me preocupaba; Las dos chicas mordidas. Hace mucho que había roto mis lasos con el clan vampírico… pero estos y los otros tantos clanes habían hecho esa promesa de no dañar a los frágiles; Los humanos. Incluso los pocos que había en aquel entonces como yo… habían jurado solemnemente aquello. Pero como dicen las promesas se hacen justamente para romperlas. Y desde ese entonces había habido números accidentes por parte de todos los que juraron no hacer daño y terminaban haciéndolo incluso yo… de lo que no estoy orgullosa. Termine de tomar la energía del cementerio y me prepare para ir a casa cuando escuche pasos tras de mi.
-Que haces aquí.
Escuche una voz masculina tras de mí y gire lentamente sin dejar mi estado de alerta a cualquier amenaza. Cuando el dueño de aquella nítida voz estuvo en mi campo de visión de algún modo me tranquilice un poco aunque no por completo, claro. Cyrus Langford. Era imposible no saber el nombre de aquel chico. Alto, varonil, atlético… con un espeso y enmarañado cabello castaño dorado y con grandes ojos azul grisáceo además de perturbadores. Un espécimen perfecto a no ser porque como dicen es el más peligroso de la escuela…con él es con quien no te querrías quedar en una isla.
-Y bien que haces aquí- dijo nuevamente. En la mano izquierda traía un cigarro a medio fumar y con la mano libre se peinaba el cabello.
-Solo doy un paseo- conteste estirando las piernas y brazos con una sonrisa inocente.
-No será que…- dijo pausando mientras su rastro se contraía en lo que parecía una sonrisa- eres de las que les gusta tener sexo con cadáveres…
Lo mire mejor y sonreí. Eso era ingenioso…enfermo pero ingenioso al fin. Y por alguna razón no pude evitar que me simpatizara. Negué con la cabeza y suspire.
                -No, no lo creo… si me gustara algo así lo sabría. Incluso quedaría olvidado teniendo aun chico como tú frente a mí.
A el pareció gustarle la respuesta y dio una fumada del cigarro mientras me sonreía de manera sensual. Le regrese la sonrisa es lo mejor que podía hacer. Entonces me sentí mareada y como si me taladraran la cabeza, medio confundida voltee a verlo y el seguido tranquilo fumando su cigarro con la mirada clavada en mi con gran intensidad. Me estaba haciendo algo, no sabía que pero podía sentirlo en mi cabeza como si tratara de entrar.