Capitulo I
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Un estremecimiento despertó a la Lucy Rice de su sueño. Se levantó rápidamente de la cama y salió de su cuarto, adormilada bajo uno a uno los escalones dirigiéndose a la cocina por un vaso de agua y entonces los vio; Su madre devorando a su hermano, estaban ambos en el suelo en un gran charco de sangre. Elene Rice su madre se encontraba encorvada hacia el cuello del pequeño Elías el cual estaba destrozado. Escuchaba el gorgoteo de la sangre fluir lentamente, de la sangre al ser succionada, el pulso débil de su hermano y el sonido de la muerte y al final el silencio.
Parada en el marco de la puerta, inmóvil incapaz de hacer nada ya que el cuerpo no le respondía el sonido surgió de su garganta de repente. Un grito, Elene la observo con una mueca que parecía ser una sonrisa y se comenzó a levantar lentamente dejando en el suelo el cuerpo sin vida del pequeño Elías. Lucy aun sin poder moverse miro fijamente cuando su madre se acercaba a ella caminando con pasos cortos.
-No tengas miedo Lucy, querida- dijo Elene con una sonrisa mostrando los dientes tenidos de rojo haciendo que Lucy se estremeciera.
Escucharon pasos en el pasillo y ambas se giraron hacia él. Ambas con expresiones diferentes; Lucy feliz de que su cuerpo reaccionara al fin y Elene con expresión aburrida. Entro el hermano mayor de Lucy, Baltazar Rice el cual llevaba un bate lleno de sangre en la mano derecha y una gran herida en la izquierda la cual vendada seguramente con algún pedazo de ropa aún seguía sangrando. La mirada de Baltazar pasó primero de Lucy a Elene y después se quedó fija en la mancha de sangre donde se encontraba el cuerpo de Elías. Lucy observo asombrada a su hermano el cual corría hasta su madre apuntándole con el bate mientras de su garganta surgía un grito sin duda de rabia, se abalanzo hasta Elene haciéndola caer mientras que con furia la golpeaba una y otra vez con el bate el cual crujía con cada golpe. La piel del brazo con el que la madre de ambos trataba de cubrirse comenzó a rasgarse dejando otro charco más en la que alguna vez fue una de las cocinas más limpias de Austin, Texas. Elene no soltó ninguna queja de dolor y recibió varios pares de golpes en el brazo que asombrosamente aún no estaba roto ya que con el tomo una de las piernas de Baltazar cuando el comenzó a patearla haciéndolo caer. Elene salto encima de él y comenzó a arañarle la cara con una sonrisa tensa en el rostro ensangrentado.
Lucy dio un paso hacia ellos y se alegró de tener ya el control de su temeroso cuerpo. Corrió hasta ambos y se lanzó a la espalda de su madre golpeándola lo más fuerte que podía y captando hacia ella toda la atención de Elene la cual dejo a su hermano echo que este aprovecho para levantarse con prisa y correr hasta los innumerables cajones de la cocina abriéndolos todos. Elene observo atentamente cuando Baltazar saco un cuchillo de uno de ellos o eso supuso porque alcanzo a ver el reflejo de la luz lunar en el filo de este. Sintió un tirón y un fuerte dolor en el vientre y cayó al suelo soltando un gemido entrecortado por haberse golpeado la cabeza y seguramente a la falta de aire.
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Abrí los ojos y observe lo que sucedía frente a mí. La mujer llena de sangre la cual caía de su brazo y de su boca y al hombre el cual también sangraba del brazo pero de una forma más estética por así decirlo. Aparte la mirada de ello y ahora me concentre solamente en mí, toque mi cabeza la cual me dolía mucho y sentí algo cálido y viscoso… supuse inequívocamente que era sangre. Respire profundamente recuperando la falta de aire y a la vez me recupere del leve mareo que sentía. Volví a concentrarme en las dos personas frente a mi… por qué peleaban?.
La mujer se lanzó hasta el hombre el cual la apuñalo con el objeto que sostenía creo yo con demasiada fuerza como si la vida se le fuera a ir si lo soltaba. Un grito salió de la boca roja de la mujer la cual callo sin ninguna delicadeza al suelo, junto a un cuerpo que no había visto. Un chico un poco más joven que esos dos con el cuello destrozado. Soltó el cuchillo y camino lentamente hasta mí dejándose caer al suelo y soltando un suspiro. Me miro y sonrió o por lo menos trato de hacerlo mientras me acariciaba el pelo, hizo una mueca y se abalanzo hasta mi apresurado:
-Que te paso Lucy– dijo mientras me examinaba la cabeza.
Nunca había escuchado ese nombre y de hecho no recordaba a estas personas en la habitación blanca así que negué efusivamente con la cabeza mientras alejaba su mano de mí.
-No soy Lucy, no conozco a nadie llamado así y a ti tampoco.
Pareció sorprenderse y levanto una ceja con aire curioso e incrédulo. Negué nuevamente y sonreí mientras miraba mí alrededor, el sitio estaba hecho un desastre y había además de eso dos cuerpos inertes en él, nada estético ni higiénico sin duda.
-No es gracioso Lucy, no es momento de bromear.
- ¿Bromear?
Suspiro y lo imite, levanto la vista y me miro con fastidio. Yo solo sonreí.
-Te golpeaste la cabeza puede que hayas perdido la memoria- dijo pero más bien parecía que se estaba cuestionando el mismo así que no respondí aparte de que no sabía que significaba lo que decía.
Se levantó y fue hasta la ventana de la cocina, observo su brazo e hizo un mohín. Llevaba una blusa de tirantes blanca manchada de sangre, unos pantalones del pijama. Cabello negro azabache enmarañado, cuando lo admire de cerca vi sus ojos negros como posos sin fondo. Era guapo sin duda, al pensar eso sentí un dolor en el estómago así que me lleve la mano hasta él.
- ¿Eres pariente mío? –dije mientras me pasaba los dedos por el largo cabello rubio.
-Eres mi hermana menor. –Dijo mientras sonreía -debemos salir de aquí. Y esa mujer era nuestra madrastra. –agrego mientras salía de la habitación blanca y caminaba por el pasillo.
Le seguí y subí por las escaleras, mirando todas y cada uno de las fotografías en la pared. Tratando de recordar a las personas y el lugar, lo cual no tuvo éxito. Camine frente a varias puertas hasta la última al final del pasillo, dentro se encontraba mi supuesto hermano. Abría los cajones y sacaba ropa la cual metía en una valija.
-Ahora vamos a tu habitación. –dijo al terminar de guardar todo.
Salió y le seguí nuevamente, abrió la puerta de a lado y entro. Hizo nuevamente lo mismo abrió los cajones y saco ropa pero, de pronto se detuvo giro y me miro. Tenía la cara roja.
-Sera mejor que guardes tus cosas… tú. –se aclaró la garganta con un leve carraspeo mientras se alejaba de la cajonera colorado.
Me acerque y metí todo lo que encontré en la valija, al terminar suspire satisfecha.
-Si se supone que somos hermanos no debería darte vergüenza ver mi ropa interior. –señale al recordar su reacción por mis pantis.
-No fue eso idiota. –exclamo saliendo apresuradamente del cuarto, mientras yo le seguí.
Entramos una vez más en la cocina, mientras él se acercaba al cuerpo del niño. Me miro con expresión triste así que supuse que el pequeño era familiar también de él.
-Vamos a enterrarlo y después nos vamos. –yo asentí, no podía negarme y camine hacia ahí.
Lo cargamos en silencio sacando el cuerpo hasta en jardín, colocándolo suavemente en el césped. El tomo una pala que se encontraba recargada en una encina enorme y comenzó a cavar bajo este. Pasaron varios minutos interminables y al tener un pozo más o menos profundo colocamos el cuerpo dentro y echamos la tierra para taparlo. Observe a mi hermano sin decir palabra, miraba el pozo y tenía los ojos cristalinos. Un pensamiento desagradable los nublo levemente, pensamiento que desapareció al girarse hacia mí. Pase el peso de mi cuerpo de un pie a otro, incomoda. Me sentía como una entrometida, en un asunto sumamente triste para el que era… por el momento un desconocido.
-Él era el Elías nuestro pequeño hermano. –dijo sacándome levemente de la incomodidad. –por si aún no lo recuerdas.
Asentí mirando la tierra removida de soslayo. Aunque trate no sentí absolutamente nada. Eso me enfureció, eran mis hermanos y uno había sido asesinado por esa mujer horrorosa. No los recordaba, a ninguno ni esa enorme casa con el hermoso jardín florecientemente colorido coronado con una maravillosa encina tupida de verdes hojas, ni las numerosas fotos colocadas en elegantes marcos y la que alguna vez había sido una blanca habitación de cocina. Solo recordaba cosas vánales; una cocina es una cocina, los árboles son arboles…la sangre es roja como ambos charcos en la habitación, como lo mostraba la herida en el brazo de mi hermano.
-Tu herida, deberías checarla no tiene buen aspecto sabes… tu…
- ¿Hermano? –dijo interrumpiéndome con una sonrisa irónica en el bello rostro.
-Hermano, pero te llamas. –dije acercándome a él con una sonrisa.
-Baltazar Rice, tengo 18 años… soy mayor que tú por dos. –contesto mi hermano el cual sabia ahora se llamaba Baltazar. –lo hare después ahora tenemos que irnos de aquí no es seguro tal vez esas cosas vengan de nuevo.
No sabía de qué hablaba y no quería saberlo. Caminamos por el césped hasta la cochera, escuchando ruidos extraños algunos irreconocibles en la larga calle de Andaluz. Un grito al otro lado de la calle me helo la sangre e instintivamente me gire para reconocer el lugar. Una mujer salió corriendo sangrando de una pierna mientras detrás de ella salía un hombre. Con la cara roja y no de vergüenza. Los mismos gritos de terror se escuchaban en diferentes direcciones del lugar. Sin pensármelo dos veces corrí hasta la mujer intentando ayudarla, el hombre o lo que sea ya la había alcanzado y se le había echado encima mientras dirigía su atención en el cuello delgado y blancuzco de la mujer. Al llegar lo más cerca que el miedo me permitía golpee al hombre con la pierna en la parte trasera de la rodilla haciéndole caer. El hombre se giró y me observo con sus grandes y penetrantes ojos negros, los cuales tenía dilatada y vidriosa… como cuando te drogas, reflexione ese pensamiento y dirija mi atención a la mujer.
-Está bien... –carraspee tratando de respirar normalmente pero la adrenalina me corría por las venas haciendo aumentar mi nerviosismo.
-Yo si… gracias. –agrego de ultimo mientras las lágrimas le escurrían exageradamente por las mejillas enrojecidas.
Escuche pasos tras de mí y me gire preparada para pelear nuevamente. Vi a mi hermano con el cuchillo en mano se sentó delante del hombre atontado y se lo clavo en el cuello apretando la boca formando una línea recta, él también tenía las mejillas coloradas y los ojos vidriosos pero en ellos había más bien odio. Violencia, por así decir.
-Maldita sea, Lucy me distraigo un momento y desapareces. –dijo mientras limpiaba la sangre del filo con la blusa que alguna vez fue blanca.
Sin ninguna emoción positiva en el estético rostro de rasgos marcados. Algo peligroso pensé sin prestar atención al lio de mi mente. Sin saber cómo arrebate el arma de las grandes manos masculinas, fue tan rápido y tan ágil que cerré los ojos y los abrí varias veces incrédula. Levante la vista y me encontré con la dura mirada sombría de Baltazar temblé un poco al sentir un cosquilleo en el espinazo pero hice de tripas corazón y me encare a él:
-Yo llevare esto
Guarde el cuchillo en el elástico de mi pantaleta, pues estaba segura que no trataría de tomarlo de un lugar como ese… quería creerlo y rogué por que fuera así mentalmente, mientras me giraba y cruzaba la calle a toda prisa para llegar a la cochera. Sentí la mano grande de Baltazar en uno de mis menudos y descubiertos hombros y temblé de forma inconsciente. Se me adelanto y me abrió la puerta de auto para que entrara. Subí y después lo hizo el, busco bajo el asiento y saco las llaves, arranco el motor e hizo más cosas que no pude reconocer. Salimos de la cochera y vimos a la mujer que habíamos salvado ser destripada por un niño… aparte la mirada pero no tan rápido como hubiese querido. Nunca olvidare todo lo que paso esa mañana del 3 de marzo.
2
Esa mañana había sido tan tranquila como cualquier otra. Desde ahí arriba podía sentir el fresco aire matinal bañado con el inconfundible olor oxidado de la sangre humana. Podía oír claramente el melodioso sonido de los gritos de miedo, podía deleitarse viendo a las personas correr desde esa distancia a la cual todas parecían hormigas sin reina. Sonrió con enfermiza satisfacción saltando desde la barandilla donde se encontraba embelesado observando su maravilloso entorno.
Camino hasta la puerta abriéndola y observando los escalones con aburrimiento y pereza. Los había subido con tantas energías después de haberse comido a varios niños, energías que todavía tenía pero que no quería gastar solo con subir y bajar un edificio.
-Qué más da. –suspiro mientras sus labios se tensaban en esa sonrisa enfermiza –después de todo los niñitos no están en peligro de extinción. –agrego soltando una carcajada por lo que seguramente era una de sus mejores bromas.
Bajo los escalones con rápidamente y en 3 minutos estuvo en la entrada del enorme edificio de 23 pisos. Esa mañana vestía unos pantalones vaqueros azules desgastados una camisa blanca y una chaqueta de cuero con la palabra Society bordada con hilos plateados. A él le encantaba su estilo de chico malo. Y a ellas también. Camino fuera del edificio del society Enterprise, con aire malicioso. La gente corría siendo perseguida por uno o varios parásitos devoradores.
Frente a el paso un auto a gran velocidad. Se giró en su dirección con curiosidad, pues mientras los demás corrían alguien no se desangraba tanto los sesos tratando de huir de una forma idiota. Era una camioneta familiar color rojo marrón que se detuvo en medio de la calle, llevándose a varios devoradores en el camino. La puerta se abrió, el saco su paquete de cigarros Benson y Hedges de la bolsa de la chaqueta tomo uno y lo encendió rápidamente tratando de no perderse ningún detalle de lo que ocurría. Entonces la vio.
La chica alta salió de un salto de la camioneta haciendo que los largos y rubios caireles se revolotearan en su cara, llevaba solamente un camisón de seda rosa pastel con listones rojos y encaje blanco. Lo levanto ligeramente ensenando sus pantis de las que sacó un cuchillo con manchas de lo que era sangre. Algo sumamente raro. Varios devoradores prestaron mucha atención en ella, incluso esos cascarones la miraban sumamente atractiva. Ella se giró y lo miro, sin moverse de donde se encontraba. Volteo y rodeo la camioneta corriendo.
Quería ver qué es lo que estaba haciendo así que camino hasta donde ella se encontraba rodeo la camioneta también y observo la puerta de conductor abierta, ella estaba de rodillas sobre el asfalto sin soltar una queja por las piedras y vidrios que seguramente se le estaban enterrando en las rodillas. Observo con más atención y sintió el olor de alguien más, ella se levantó y acerco más a la puerta. Un muchacho. Estaba herido de un brazo, seguramente ya estaba infectado pensó sonriendo pues sabía que si era así no duraría mucho. Ella le paso un brazo al chico y lo ayudo a levantarse sacándolo de la camioneta.
Ambos levantaron la vista y lo miraron varios segundos, mientras el herido emitía un gemido de dolor y la chica uno pero de fastidio
-Eres un idiota con las damas o algo así. –gimió ella con irritación.
Poseía una voz nítida y melodiosa y solo por la irritación no había ni pisca de miedo en ella lo cual le agrado sin duda a él.
-A qué esperas, ayúdame con el maldito herido. –volvió a gemir pero esta vez una sonrisa asomaba su rostro blanco.
Él sabía que no debía prestar más atención a esa humana y dejar que los devoradores hicieran justamente eso, devorarla. La miro nuevamente repasando su belleza… sería una perdida enorme para la estética, pensó y sin saber por qué la ayudo.
3
Observe la gran calle llena de cuerpos. Y a los causantes de dicha masacre, mientras recostaba a Baltazar en la acera con cuidado. Tome su brazo herido con delicadeza y quite lentamente la venda que lo cubría y al hacerlo sentí un olor fétido. Estaba sin duda infectado, tenía que limpiar la herida y cubrirlo con vendas limpias. Levante la mirada y observe al hombre frente a mí. Con aspecto de chico malo.
-Esa herida no se ve bien. –escuche que decía mientras daba una fumada al cigarro.
-Si no lo dices no me entero. –dije sarcásticamente.
No podía confiar en ese tipo con chaqueta de cuero. Mientras Baltazar conducía, por las calles que pasaron todos corrían y gritaban por ayuda y en el momento que mi hermano detuvo el auto pasamos frente a él, no solo no corría ni gritaba, sino que también estaba muy tranquilo peinándose el cabello con los dedos, soltando varios bostezos con expresión aburrida. No, no confiare en el pero, si aceptare su ayuda pensé mientras que con una mano me aferraba a Baltazar y con la otra al cuchillo.
Nos encontrábamos en el centro. Recordaba la farmacia localizada ahí, me levante y sacudí el camisón. “Por lo menos recuerdo algo útil…”
-Iré a buscar lo necesario para desinfectar la herida. – dije dirigiéndome más a Baltazar que al desconocido.
Baltazar solo soltó otro gemido de dolor y el otro chico lo observaba como si le satisficiera verlo sufrir. Levanto la cara y me sonrió, cosa que me hizo recordar a Baltazar cuando limpiaba el cuchillo. Peligroso.
-Vas a irte, supongo que querrás que lo cuide… no?
Sinceramente, no quería algo así. Algo me decía que él era mucho más peligroso que cualquier otra cosa.
- ¿Que eres? –dije arrepintiéndome al instante de ello.
El solo abrió mucho los ojos y después sonrió. Se encogió de hombros y levanto la mirada contemplando el cielo.
-Eres muy observadora, lo cuidare si quieres. –Decía sin dejar de ver el cielo. -mientras yo esté cerca esas cosas no se le acercaran
Asentí y camine por la acera buscando la farmacia. Me detuve mientras reflexionaba. Que había dicho, no se le acercarían a… el, entonces sin duda solo me atacarían a mí. Reanude la caminata a toda prisa, con grandes zancadas mientras observaba a todo momento a mí alrededor todos estaba ocupados devorando a alguien pero, no por eso ya estaba a salvo. Volteaban y me miraban mientras me dirigían una sonrisa como si me dijesen “provecho”, temblé levemente y me enfade conmigo… últimamente temblaba por cualquier cosa. Bueno desde esa mañana.
Encontré la farmacia y entre primero verificando que no hubiera ninguna “cosa” dentro. Estaba vacía. Abrí los cajones y repisas buscando morfina, algo de alcohol y gasas. Tome también varias botellas de agua. Dentro de una bolsa metí varias cosas más que creí que me servirían. Pasos, escuche pasos tras de mí y me gire rápidamente.
-No te han devorado, que desperdicio.
Otro desconocido, me observaba con una leve sonrisa en el rostro sin color. Era por lo menos su presencia idéntica a otro, misma sonrisa, misma mirada penetrante y lasciva, mismo tono de voz arrogante y orgullosa. Igual de peligroso.
- ¿Eres conocido del chico malo? –dije. Por alguna razón “conocido” me pareció mejor que “amigo”.
- ¿Chico malo?, hablas de Armisael. –Dijo mientras lanzaba un pequeño silbido- lo has visto y sigues viva, eso es increíble mujer.
Trate de sonreír y solo conseguí hacer una mueca de repulsión, la cual el noto y soltó una leve risita.
-Así que él se llama Armisael. –dije, aferrándome a la bolsa plástica.” Si el plástico fuera un objeto punzante”.
Él se hizo aun lado de la puerta mientras me hacia una seña para que saliera, lo mire sospechosamente y el solo se encogió de hombros.
-No te preocupes vengo de desayunar. –dijo relamiéndose los labios.
-No sé si suelo hacerme la interesante. –conteste saliendo del local mientras el salía tras de mi- pero espero que no me llegues a considerar tu postre.
Soltó una carcajada. Caminamos hasta llegar a donde se encontraba la camioneta marrón, no me acerque más y me detuve. Observe el pequeño círculo de “personas” que se comenzaba a formar alrededor de donde debía estar Baltazar y el, Armisael. Había dicho que mientras estuviera con él a Baltazar no se le acercarían ellos. Sin duda era así pensé mientras soltaba una risita nerviosa, di un respingo cuando sentí unas manos frías en mis hombros y el aliento cálido en mi cuello.
-Supongo que en un momento así, que te considere mi postre debe ser más agradable… ah, y no me des las gracias.
Camino frente a mí y se abrió paso entre la pequeña multitud. Con tan solo darles un toquecito en el hombro se hacían a un lado o era por su fuerte presencia a la vez agachaban la cabeza como si fueran cachorros. Se detuvo y se giró hacia mí tendiéndome una de sus manos.
-No piensas venir. –dijo con una mueca irónica en la cara pálida.
Me acerque hasta el pero no tome su mano, lo cual supongo el ya esperaba pues la retiro rápidamente. Bajo el semáforo estaba recargado Baltazar y aun lado estaba Armisael con una expresión diferente, ya no parecía aburrida ni tenia rastros de pereza en el rostro. Se acercó a Baltazar mientras fruncía el entrecejo y mostraba una sonrisa de odio.
-Hijo de puta, maldito mal nacido. –dijo Armisael entre dientes.
Tenía el puno fuertemente apretado y se le notaban los nudillos blancos. Levante la mirada y vi a Baltazar el cual tenía los ojos entre abiertos y la frente mojada. Camine hasta el tomando delicadamente el brazo herido. Un leve chorro de alcohol e hizo una mueca de disgusto pero no aparto el brazo mientras que lo vendaba con gazas limpias. Me acerque más y le susurre al oído.
-Tenemos que irnos, hermano. Curare mejor tu herida pero antes vámonos, es peligroso.
Bajo la vista y mirándome a los ojos asintió levemente mientras hacia una nueva mueca de dolor. El otro se acercó a Armisael y lo tomo fuertemente de los hombros.
-Si se van a ir háganlo ahora. –dijo con la voz entrecortada
-Suéltame de una vez, Exequiel suéltame. –gruño Armisael. Su mirada se posó en Baltazar mientras respiraba rápidamente- lo voy a matar.
Los mire a ambos, tome fuertemente a Baltazar del brazo y caminamos lentamente hasta la multitud que había comenzado a crecer. No se movían.
-Aun lado. –grito el chico sin color mientras sostenía fuertemente a Armisael.
La multitud dudo mientras se miraban unos a otros, volvió a gritar la orden y se apartaron rápidamente. Caminamos hasta la camioneta y ayude a Baltazar a entrar. Me coloque en el lugar de conductor mientras sentía las gotas de sudor cayendo en mis ojos solamente para hacerlos arden.
- ¿Sabes manejar? –jadeo Baltazar colocándose el cinturón
-Te he visto hacerlo, parece que eso lo recuerdo. –dije sin saber a quién trataba de calmar si a él o a mí. No mentía recordaba algo, y esto era parte de ese algo.
-De acuerdo. –susurro recostándose en el asiento. –te dejare hacerlo solo porque no tengo fuerza para nada
Di vuelta a la llave prendiendo el motor, moví la palanca de velocidades… presione el acelerador y maneje. Observe por el espejo retrovisor por última vez aquella multitud la cual miraba hacia nuestra dirección, el rostro de Armisael compungido y al otro un poco más relajado. Me concentre en el camino. Ese día 3 de marzo todo empezó.
4
La esbelta mujer morena se encontraba recargada en la barra moviendo el trasero de manera lenta y sensual. Seguramente le vio llegar pensó Friedrich soltando un bostezo. Se levantó del asiento de cuero rojo situado a un extremo del lugar y con paso rápido llego hasta la barra. El cantinero se le acerco y Friedrich le paso el sobre verde obscuro. Sonrió y se alejó del sitio caminando esta vez hasta la salida. Antes de salir repaso nuevamente el lugar y sus miradas se encontraron hizo una leve reverencia. No tenía buen aspecto, tenía el ceño fruncido y la boca apretada formando una débil línea recta. Armisael se levantó y camino hasta la mujer morena. Salió
“Si esta de mal humor se la comerá” pensó mientras que con movimientos agiles esquivaba los cuerpos que se encontraban en la calle.
Escucho un grito femenino y giro un poco en dirección al bar. No pudo evitar abrir demasiado los ojos así como no pudo evitar que la tétrica sonrisa asomara en su rostro. Llevándose una mano a la cara soltó un gruñido de fastidio.
Reanudo la marcha hasta llegar al viejo edificio ubicado en la esquina de esa misma calle, donde ella le esperaba recargada. Con el top de látex que él le había regalado y con esas botas negras hasta la rodilla que tanto le gustaba desabrochar. Le vio venir y camino hasta el con esa leve sonrisa que siempre estaba en su rostro.
-Se ha escuchado hasta aquí. –dijo Elide una vez que estuvo a su lado.
No contesto limitándose a contemplar el blanco rostro de Elide, hasta que finalmente asintió de forma robótica.
-Ha sido Armisael. –dijo observando la reacción de ella, la cual abría los ojos como platos y hacia un pequeño mohín de irritación- por si te lo preguntas no ha sido una devoradora ha sido…
-Una elegida. –termino la frase ella mientras que se cruzaba de brazos.
-Sí.
-Se supone que había sido prohibido, devorar a las elegidas…
Friedrich solo se encogió de hombros. Ignoraba las razones de Armisael como para haber perdido el control lo único que sabía era que si seguía en ese estado no sería seguro para nadie. Una sonrisa ilumino sus facciones pálidas y dijo:
-Estoy seguro que está relacionado con una mujer. Todas son unas patosas… menos tú. –agrego al ver la expresión de Elide.
5
Baltazar se dejó caer en el colchón mientras trataba de respirar normalmente. Se encontraba acalorado y aunque Lucy había limpiado la herida y el dolor era un poco soportable sentía mareos y calambres en todo el cuerpo. Tomo una de las grandes almohadas y la apretó con ambos brazos soltando un gruñido para después lanzarla lejos. “Donde demonios andas Lucy” pensó mientras la irritación crecía poco a poco.
Lucy había conducido varias horas hasta que la gasolina se terminó y se detuvieron en un pequeño pueblo que no recordaba conocer. Además se habían llevado un susto de muerte cuando una anciana les apunto con la enorme escopeta vieja y polvorienta que según había dicho pertenecía a su difunto esposo. En el pequeño lugar aún no habían aparecido esas cosas por lo menos en manadas sino desperdigadas y se las habían arreglado ellos solos… lo que le recordaba a esa mala película “El fin de los tiempos” soltó una risita y se rasco la cabeza.
Se levantó de la cama y se dirigió a la ventana, fuera pudo observar a Lucy la cual se encontraba escuchando el rollo de la vieja mujer con lo que aparentemente era fascinación. Arqueounaceja y reflexionovariascosas:
• Lucy parecía no recordar nada sobre su vida como “Lucy la patosa”.
• Recordaba otras cosas que sabía nunca había aprendido. Sabía para que servía la penicilina, quien la había descubierto y le echo un rollo de “La penicilina se sustrae de…”, incluso mientras estaban en la carretera se había puesto a platicar sobre la película “Rápido y furioso” que según decía odiaba.
Se alejó de la polvorienta ventana, formo un puno con su mano derecha y se golpeó el rostro.
-No seas paranoico Baltazar, guapo. –Dijo entre dientes tratando de sonreír– no tienes que saber todo de la vida de tu hermana menor.
Se sentó en el borde del colchón cruzando los brazos frente a su pecho a la vez que escuchaba los pasos en la madera acercándose. Espero ver a la anciana con otra de sus historias de vida pero a la que vio fue a Lucy que entraba con una sonrisa en el rostro rosado.
-Este lugar es increíble, la Señora Douglas dice que este pueblo no está en el mapa así que es seguro aquí. A menos que sepan que están buscando no nos encontraran.
Baltazar escucho y reflexiono. “Si saben que están buscando…” pensó y aparto la vista de Lucy. Tenía que decirle.
-Mate a Elene la que fue nuestra supuesta madre durante 6 años Lucy, era una de ellos. Ese tipo se dio cuenta juro matarme sabes, si nos quedamos aquí correrán peligro… ¿estimas a la señora Douglas no es así?
Espero la respuesta de su preciosa hermana menor. Lucy bajo la vista y se concentró en sus pies descalzos y mugrientos reflexionando. Sí, no conocía a la abuelita de anos pero las pocas horas que llevaban ahí le había contado muchas cosas útiles y le había confiado sus secretos de cocina aun cuando ella no recordaba si sabía cocinar.
-Has dicho que él sabe que tú la mataste y que juro matarte… a ti. No recuerdo que mencionara algo sobre mi hermano. Si ellos corren peligro será por ti no por mí.
- ¿Estas de broma…?
Fue lo único que pudo decir y solo en un leve susurro. Entrecerró los ojos y la miro de hito en hito incrédulo. Observo la sonrisa divertida crecer en el rosado rostro y por un momento se tranquilizó.
-Te pille. –dijo Lucy acercándose y dejándose caer junto a él en el cómodo colchón. –así que eso es bromear, uff… es divertido. Creo que lo hare más seguido, ayuda a relajar el ambiente.
Baltazar levanto el puno para golpear a Lucy pero ella lo esquivo fácilmente con la sonrisa que prometía no desaparecer de su rostro por lo menos las siguientes horas.
6
Había comunicado a la Sra. Douglas que no nos podíamos quedar a lo cual ella solo asintió levemente con una sonrisa en el rostro de pasa que poseía. Una sonrisa triste y de decepción. Antes de marcharnos insistió en que tomáramos un baño…
-Hay que esperar el Armagedón con el espíritu limpio jovencitos… pero no exageréis y limpiaros sus cuerpos también. –nos había dicho a Baltazar y a mí con el encantador acento español que se le escapaba según decía en pocas ocasiones.
Yo acepte de inmediato y me pregunte si siempre era así de ingenua y confiada. En cambio Baltazar como buen hombre que es dudo un poco, era eso u odia tomar baños. Afortunadamente era lo primero pensé rechazando la idea de decirle que nos bañáramos juntos. Algo me decía que si bien no era totalmente inapropiado a él no le gustaría la idea y se sonrojaría o se sonrojaría por que él había pensado lo mismo.
Me sumergí en la tina y el agua se ensucio al instante. Quite el tapón y la volví a llenar la tina con agua limpia y caliente. Me observe los dedos de las manos y estaban arrugaditos cuando escuche la voz masculina fuera:
-Anda Lucy que ya vas para la hora y fracción. –era mi hermano y se le escuchaba enfadado.
Salí y me enrolle con la toalla azul celeste que colgaba de la pared caminando con cuidado ya que el suelo estaba mojado. Culpa mía por chapotear en la tina. Así que cuando resbale no pude soltar ninguna queja por mi estupidez.
Caí al suelo golpeándome el trasero que solo estaba protegido por una delgada tela y se escuchó un fuerte ruido cuando cayeron las cremas, perfumes y demás cosas del cuarto de baño.
-Qué demonios. –exclamo Baltazar entrando al baño. –eres una patosa, una lechuguina Lucy…
Guardo silencio y salió colorado del baño al ver mi floreciente cuerpo en todo su esplendor, culpa suya. La toalla se había desamarrado y mostraba lo que no debía. Me incorpore haciendo que la toalla rodara hasta el suelo mojado humedeciéndose y me contemple en el espejo de cuerpo completo totalmente desnuda deteniendo la atención en mi vientre, eso era un lunar. Unas líneas rectas color negro diminutas que simulaban un lunar. Me vestí con las ropas que me había regalado abuelita Douglas.