Cyril
Baxendale paso su uña por la superficie de vidrio de la que estaba hecha la
ventana. Provocando un pequeño crujido que hizo fruncir el ceño a la mujer
sentada en la mesa en el centro de aquel cuarto lujoso.
Oriana
se cruzo de brazos soltando un suspiro de fastidio, ver en ese estado taciturno
al hombre que la había creado era patético.
— Bien, encárgate
de todo Oriana.
Le escucho decir
a lo que ella asintió y se levanto elegante mientras se dirigía a la puerta, no
sin antes darle otra mirada conocedora a su amo. De nuevo pensando en esa...
Sender Elk miro
con ternura a la pequeña Paprika mientras la arropaba con la suave manta
amarilla. La pequeña había dejado de llorar ahora y se había quedado
profundamente dormida.
Se dejo caer en
el sillón marrón mullido y se peino hacia atrás los mechones negros, frustrado.
Habían encontrado a la pequeña hacia apenas cuatro meses pero aun así seguía
llorando y preguntando por su madre, lo cual era algo incomodo. Nunca había
sabido cómo tratar con niños pequeños y ahora no era el mejor momento de
aprender eso era seguro.
Maggie se peino
los rizos rojos mientras se miraba arrobada en el espejo. Eran tan parecidas,
de todas ella lo era más y eso en vez de agradar a Cyril le hacia aborrecerla
por sobre todas. Algo que no la molestaba por completo, ella no quería ser
copia ni sustituto de nadie, menos de su madre.
Cyril les había
creado tratando de llenar el vacío que la original había dejado pero era
imposible, incluso ella siendo una existencia sintética se había dado cuenta en
cuanto los flashes comenzaron a llenarle de recuerdo de la antigua. Eso también
lo había mantenido en secreto, tener pensamientos y recuerdos de la original
era algo que Cyril no debía saber como ella había dicho.
"Si no el te
diseccionara para llegar a ellos..." había oído esa voz advirtiéndole en
sus sueños. Algo que también debía mantener en secreto, no se suponía que ella
debía soñar.
Cyril miro
fijamente a René cuando entro a la sala. Vestía como siempre un traje de látex
color negro y llevaba una severa trenza atrapando en ella sus rizos marrones,
algo que agradecía ya que la tentación de arrancársela desde el cuero cabelludo
comenzaba a ser abrumador. Carraspeo y giro la mirada hacia la puerta de caoba
adornada con flores. Tenía que calmarse.
— Cual quiere que
sea el mensaje, amo— hablo René mirándole fijamente sin ninguna emoción en sus
ojos.
Cyril se aflojo
la corbata y sonrió volviendo la mirada hacia el pedazo de piel que descansaba
el la charola sobre la mesa circular.
— Sender Elk— comenzó Cyril con voz plana y
acera— todos los tuyos morirán, pedirás perdón a ellos y te arrodillaras ante
mi rogando por tu patética vida. Pedirás perdón a ella... y morirás.
René asintió y
repitió nuevamente las palabras, sosteniendo el pedazo de piel entre sus finos
dedos. Cuando hubo terminado paso a mirar a su amo esperando su aprobación,
Cyril solo asintió y ella salió de la habitación. Ahora podía morir feliz...
Sender todavía se
encontraba velando el sueño de la pequeña Paprika cuando un fuerte golpe en la
puerta sonó. Rápidamente se puso en pie y camino hasta ella tomando fuertemente
el pomo, listo para censurar a quien molestaba a esas horas. Algo que no dijo
al ver quien le llamaba.
— Señor, ha
regresado...
Northcott sabía
que solo debía decir aquello para que su señor Elk supiese sobre que hablaba y
no lo decepciono. Rápidamente se quito de su camino para dejarle pasar,
tratando penosamente de igualar sus agitadas zancadas.
Sender abrió de
golpe la puerta, observando el pequeño círculo de personas que ya se encontraban
ahí las cuales al ver le alejaron un poco dejándole ver lo que quedaba de uno
de sus soldados.
Ese no era un
estado lamentable, era lo que le seguía pensó tratando de controlar los
temblores que comenzaban a dominar su mano izquierda. No había duda de que la
enfermiza mente de Baxendale estaba tras de este sadismo.
— No debí haberle
mandado— se lamento en un susurro sin saber cómo tratar las heridas de su amigo
y guerrero.
— No se culpe, mi
señor. Parecía una buena opción en el momento que fue planteada— acertó a decir
Northcott evitando mirar lo que quedaba del cuerpo.
Los demás
permanecieron en silencio, sin culparle. Algo que agradecía aunque era
inmerecido.
Un gorgoje y
todos los presentes centraron su atención en el cuerpo, inclusive Northcott.
"Sender Elk... “escucho la voz sin vida del que alguna vez
fue Thompson " todos los tuyos
morirán, pedirás perdón a ellos y te arrodillaras ante mi rogando por tu
patética vida. Pedirás perdón a ella... y morirás”
Paprika suspiro
satisfecha, acomodándose entre las sabanas con una sonrisa en los labios.
Oriana entro en
la sala blanca, tal como esperaba Cyril ya no estaba ahí. Sonrió y se cruzo de
brazos observando arrogante la puerta de caoba con adornos florales, sabiendo
que lo que quedaba de "esa" se encontraba ahí adentro. Se acerco
altanera pero cautelosa sabiendo que Cyril podía regresar en cualquier momento.
— Que tienes de
especial— gruño frente a la puerta.
Maggie dejo el
peine y soltó un suspiro al escuchar los pasos que se acercaban. Lista para
quien llamase a su puerta ella abrió, sorprendiéndose de ver a René,
René era hermosa,
alta, con rizos marrones y unos fieros ojos color plata. Era sorprendente como
podía ocultar su fuerza de voluntad a su propio creador haciéndole creer que
solo era una marioneta. Bueno, en realidad lo era solo que Cyril no movía los
hilos.
— René, parece que te has encariñado con eso—
dijo Maggie cerrando la puerta tras de echa mientras apuntaba al pedazo de
piel.
René negó.
— E olvidado
tirarlo— dijo René observando eso entre sus dedos.
— Si quieres
usarlo de adorno ve mejor a por orejas y hazte un collar— agrego Maggie
burlona, a lo que René volvió a negar.
— Que haces aquí,
Oriana.
Oriana tembló
ante la furia que trasportaban esas palabras aceradas y frías. Lentamente giro
para encontrase con Cyril y sorprendentemente con la pequeña Red.
— Cs, parece que
se ha acercado para espiar a la original amo— dijo Red burlona acercándose a
una de las cómodas sillas acojinadas trepándose en ella.
— Porque razón
aria algo así, no es productivo espiar a un muerto, ni mucho menos conservarle—farfullo
indignada guardando silencio al instante por su imprudencia.
Cyril no retiro
en ningún momento la mirada asesina de sobre ella, mientras comenzaba a pensar
que debía desacere de alguna de sus pequeñas hijas.
— Cuidado con lo
que tu lengua bífida suelta, Oriana. Ya que tampoco hay una razón ahora para
que yo te conserve.
Ante eso Oriana
camino hasta la salida siendo seguida por Cyril.
"Para mi es sin duda
divertido..." dijo una voz
dentro del cuarto, escuchándose al instante una risa ronca.
"Para ti todo lo es,
hermano"
Ella se
encontraba observando por la ventana de vidrio el lúgubre paisaje, sin flores
ni siquiera una pequeña mancha verde. El causante era Cyril, su hermano.